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Orígenes del polo acuático cubano: Julián del Campo (III)

El polo acuático tuvo un acelerado desarrollo en Cuba durante la década de 1960. En solo seis años se alcanzó una corona centroamericana (San Juan 1966) y una participación en Juegos Olímpicos (México 1968).

Quienes vivieron aquellos años recuerdan que muchos nadadores cambiaron los carriles por el balón mojado, debido a lo atractivo del entonces nuevo juego que combinaba las habilidades en el agua con la táctica de los deportes con pelotas.

Julián del Campo, con algo de nostalgia, compartió algunos de sus recuerdos, específicamente a los relacionados con el auge del polo acuático durante esos épicos años ´60.

Realmente, el gusto por este deporte creció muy rápido, sobre todo en Camagüey. En Nuevitas se jugaba con atletas que venía de la Escuela Superior de Pesca Andrés González Lines, localizada en Matanzas, que tenía como entrenador a un entusiasta y joven que venía de la natación, pero que le dedicó tiempo al polo acuático; su nombre, Frank Mora (EPD).

También tenían equipo en Santa Cruz del Sur, Baraguá, Majagua y Morón (se incluía Punta Alegre). Esos eran, mayoritariamente, los elencos que en el campeonato provincial.

El equipo ganador, íntegro, iba al Campeonato Nacional y asumía el nombre de Camagüey para representar a la provincia. Una segunda escuadra se conformaba con los mejores jugadores del resto de los conjuntos.

Había muchos atletas, todos (o la gran mayoría) venían de la natación, hasta las muchachas del femenino, que eran solo del municipio Camagüey, todas eran nadadoras. Ahí comenzó la guerra entre el polo acuático y la natación.

Fíjate si en Camagüey se desarrolló rápido que, desde la fundación de la Escuela Marcelo Salado como institución de los deportes acuáticos, ya nuestra provincia tenía representación ahí, en su gran mayoría juveniles y a finales de la década de 1960 contaba con alrededor de 60 atletas agramontinos. Fue la provincia que más aportó

Los iniciadores del polo acuático acá en la provincia se fueron retirando, pues los técnicos extranjeros, y en especial el checoslovaco Bartolomé Scavnisky, solo buscaban jóvenes para crear la pirámide.

Fueron unos primeros años muy emocionantes. Yo empecé a entrenar casi a mediados del año 1964 y no fui al Campeonato Nacional de esa temporada, pero asistí en la de 1965 y me convocaron a la selección.

Aunque aún era muy pronto para el polo acuático femenino, un pequeño movimiento comenzó promover la práctica de este deporte entre las mujeres.

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Equipo cubano, todas con trusas rojas y gorros negros, que asistió al campeonato pre-mundial de polo acuático de Brasil.

A nuestras campeonas

En homenaje a todas las polistas cubanas, Carales WP se suma a las celebraciones por el 8 de marzo con este breve repaso por la historia del polo acuático femenino antillano.

No proliferó, pues no se incorporaron muchas atletas. Si mal no recuerdo, de las seis provincias solo tres llegaron a formar equipos, La Habana, Camagüey y creo que uno de Oriente, la capital presentaba dos equipos.

En nuestra provincia tuvimos a las hermanas Díaz (Nelsy y Nancy), a Consuelo Yero (portera), las hermanas Soltura, Adela del Risco, las jóvenes Gloria y Yolanda, Tamara Cerit, Irma Raspall y algunas otras que no recuerdo.

Aunque tuvo un precedente en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston ´62, Cuba tuvo su primera selección nacional organizada y con entrenadores preparados tres años después.

El equipo nacional como tal, con Bartolomé Scavnisky al frente, se conformó a partir de julio de 1965. El anterior era una mezcla entre jóvenes sin experiencia, algunos de los que jugaron en Jamaica y nadadores retirados.

Alberto Amaya había sido el seleccionador, pues no existían entrenadores como tal para la escuadra cubana. Algunos se habían formado de manera empírica en piscinas de municipios y en las EPEF (Escuelas de Profesores de Educación Física).

En 1964 se inició el primer curso de entrenadores, con una duración de seis meses. Los mejores  fueron enviados a estudiar a la RDA (República Democrática Alemana) por un tiempo más. Incluso, algunos se quedaron y aprovecharon para graduarse de la Escuela de Educación Física de Leipzig.

Volviendo al equipo nacional, con Bartolomé Scavnisky al frente, solo fuimos seleccionados tres atletas de “provincia”: los gibareños Miguel Toledo Ruiz y Miguel Ángel García, y yo, representando a Camagüey.

El resto eran de la capital, cuatro jóvenes menores de 17 años y los demás mayores de 20 años, de estos últimos, dos estuvieron en el conjunto de polo acuático que asistió a Kingston ´62 y cuatro en el equipo de natación. Solo el portero titular no había ido a Jamaica en ninguna de las dos disciplinas, pese a ser uno de los mejores pechistas del país.

Fue entonces cuando esa selección nacional realizó esa importantísima gira por Checoslovaquia y Hungría, lo cual elevó el nivel del elenco antillano inmediatamente.

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El objetivo de esa escuadra que era realizar una gira de entrenamiento y juegos por Europa. Primero estuvimos en Checoslovaquia, allí topamos en Bratislava, Brno y a Košice, la ciudad natal del entrenador Bartolomé Scavnisky. Allí el entrenaba a sus atletas, quienes integraban el elenco de mejores resultados en ese país; precisamente, el mismo conjunto que vino a Cuba en el año 1963 para topar con los nuestros.

Perdíamos con ellos, pero no con gran diferencia. Tenían un gran portero y unos excelentes atacadores, muy rápidos. La complexión y estatura de los checoslovacos era promedio; o sea, no eran exagerados como los rusos o los yugoslavos. 

Es válido agregar que esos checos no estaban ni entre los equipos más relevantes de la Europa del Este. Por encima de ellos estaban Hungría, la URSS, Yugoslavia,  RDA, Rumania, Polonia y Bulgaria. Del otro lado los superaban italianos, españoles, griegos, alemanes (República Federal de Alemania), Holanda, Gran Bretaña, Francia.

Realmente no estaban entre los mejores, pero jugaban bastante bien, eran una buena escuadra con polistas fuertes y rápidos. Con ellos aprendimos bastante y llegamos a tener un poco de rivalidad.

Luego nos trasladamos a Hungría, tremenda diferencia. No estábamos en la cuna del polo acuático (Inglaterra), pero si entre los mejores jugadores de toda Europa y, por qué no, del mundo, pues un año antes habían sido campeones olímpicos en Tokio ´64.

Ahí si había polo acuático. Solo en Isla Margarita, cuartel general de la selección magiar, existían más de 12 clubes de muchas categorías: infantiles, juveniles, mayores, máster, de todo. Recuerdo al Dínamo, el los Ferroviarios, el de la Juventud, etc. Se jugaba en todas las ciudades.

Ahí en Hungría, menos con la selección nacional, topamos con todos los equipos. Entrenábamos en la mañana, desde las 6:00am, y choque a las 10:00am. Luego de un descanso, regresábamos a entrenar sobre las 4:00pm para otros dos partidos a las 6:00pm y a las 8pm. Eso era diario.

Jugamos en las ciudades donde estaban los mejores polistas: Szeged, Pécs, Gyor, Szolnok. Los topes en el interior eran a grada llena y en cualquier lugar; por ejemplo en esa gira llegamos a una piscina que era un río que acondicionaron con las medidas oficiales y todo.

Me impresionaron muchas cosas, como el amor y devoción al polo acuático. A tal punto, que la escuadra nacional de natación calentaba antes de los entrenos con un balón de waterpolo.

Además, sus jugadores eran muy buenos: György Kárpáti, Zoltán Dömötör, István Szívós (quien empezaba en la selección nacional y ya era una estrella), también los hermanos János y Ferenc Konrád y Dezso Gyarmati. Fue espectacular verlos jugar.

Aprendimos muchísimo, pese a no ganar ningún desafío, pues de las derrotas también se aprende. Vimos un excelente polo acuático, limpio, inteligente y muy rápido. Además, todos eran excelentes atletas y muy buenas personas.

Ahí conocimos al gran Károly Laky.

Julián del Campo llegó a la selección nacional cubana en un momento en el cual abundaban los buenos porteros en el país. Allí tuvo que competir con hombres de la talla de Francisco Guerrero (Pancho), quien ya era una leyenda bajo los tres palos.

Antes de 1965 estaban Ramón Aedo, quien asistió a Kingston ´62, Miguel Domínguez, Pancho Guerrero, José de la Hoz, un habanero llamado Juan José, Ángel Valdés y yo.

Tanto Aedo como Domínguez dejaron la selección en tras la selección de 1965 y quedamos solo los otros cuatro y luego, en 1966, se incorporó Jesús Pérez también como portero, pero enseguida Laky, quien ya estaba al frente del equipo, lo pasó al poste y en 1967 entró Oscar Periche.

Ya para los Juegos Olímpicos de México ´68 solo quedaron Periche y de la Hoz.

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En esos primeros años la configuración del equipo cambiaba mucho. A mí, después del ´66 me pasaron al poste, y similar con los demás. Salían jugadores de cualquier lugar y había que darles la oportunidad. Esa es una característica de nosotros los cubanos, tenemos cantera de donde escoger.

Así, de esa forma, pasó la primera etapa (1962-1965), luego la segunda (1966-1968), después la tercera (1970-1972) y así, sucesivamente.

Finalmente, Julián del Campo concluye la entrevista comentando sobre los “tiradores” de aquellos años, sus características, defectos y virtudes.

En esa etapa no eran muy buenos, pues no había dominio de la técnica del disparo a puerta. Los balones se desviaban mucho y la mayoría de los jugadores utilizaban el tiro de “pato” porque se desviaba menos hacía los marcos o por encima. Además, las pelotas eran unos jabones y tan duros que partían dedos.

Tiradores de calidad y efectivo eran Guillermo Martínez (usaba muchas variantes, no solo el tiro de frente; combinaba mucho), Rubén Junco (un tirador muy veloz, sacaba la bola rápidamente, pero solo usaba el tiro de frente), Miguel Ángel García (también era un disparo muy rápido, sobre todo cuando se iba por la zona uno, pues cruzaba al portero o se lo tiraba por debajo del brazo).

Luego entraron Roberto Rodríguez, Guillermo Cañete, Ibrahím Rodríguez, Carlos Caballero y Osvaldo García, quienes tenían mejor repertorio.

Después fueron llegando más y, para mí, en esa etapa (hasta 1972) el mejor fue Carlos Sánchez, “el Zurdo de oro”; un tiro que sorprendía a cualquiera.

Julián del Campo es un hombre con muchas historias para contar, sobre todo las relacionadas con el polo acuático. Su vida está inseparablemente ligada al deporte de la pelota mojada en Cuba, pues fue testigo y protagonista de su nacimiento y evolución en el país.

Por ello, una vez más le decimos: ¡Gracias por trazar la ruta de la victoria!

Alain Mira López Ver todo

Periodista a toda hora y pseudoescritor cuando le sube la musa. Enfermo al deporte y a la buena literatura. Perfeccionista en toda la extensión de la palabra.

Un comentario sobre "Orígenes del polo acuático cubano: Julián del Campo (III)" Deja un comentario

  1. Saludos Julián soy José Luis Cazaña más o menos de la generación de Barbaro el Wafre ,Lazarito el portero me acuerdo de aquella zona que hacían los 3, alumno de amigos tuyos camaguellanos también como Gil Molinet ahora esta medio enfermo y de Carlos Sánchez gran zurdo no tiraba duro pero muy hábil el bóxer mas lindo y rapido que he visto ,de José Pablo Ojeda , Emilio Acosta,El Veny,Lino,el Difunto Terán nos parecíamos mucho , recuerdo por allá más contemporáneos conmigo Analía,Gelacio,luces,Rivalta, juntos todos en el Marcelo con Pancho y muchos otros salud y suerte para todos cuidense mucho

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